Con Chile como país invitado a la Feria del Libro de Frankfurt 2027, el sector editorial independiente enfrenta un desafío que no es nuevo, pero que la fecha vuelve urgente: cómo superar la barrera del idioma con la literatura que se está escribiendo hoy.
La Feria del Libro de Frankfurt 2027 pondrá la edición chilena al centro de su programación y frente a un público que, en su mayoría, no lee en castellano.
El desafío no es menor para el patrimonio literario de Chile, ya parcialmente instalado en algunos circuitos internacionales, pero se agudiza con la literatura «viva»: los títulos contemporáneos, de autoras y autores en actividad, cuya circulación fuera del país depende casi por completo de que una editorial extranjera, un traductor o un agente decida apostar por ellos. Esa dependencia, a la cual puede sumarse la centralidad de las convocatorias orientadas a traducción, es el nudo central de la internacionalización del libro chileno.
En ese contexto, Editoriales de Chile ha venido trabajando en mecanismos que permitan fortalecer la circulación internacional de los catálogos de editoriales independientes y universitarios, anticipándose al desafío que representa Frankfurt 2027.

Nudos estructurales
El desafío no reside únicamente en la barrera del idioma. Pablo Jofré, poeta y agente de derechos de traducción que ha trabajado con editoriales independientes chilenas en procesos de circulación internacional, menciona una barrera más amplia: la distancia entre culturas editoriales. “Hay una ceguera involuntaria entre editores de culturas distintas que no es solo una barrera idiomática, sino también en el quehacer editorial y de traducción literaria, con tiempos y modelos de negocios distintos”, explica Jofré.
A eso se suma un cambio de escala en la industria. La sobreproducción editorial de las últimas décadas y la concentración de sellos en grandes grupos transformaron la relación entre autor y editor. El editor dejó de responder al autor para rendirle cuentas al grupo. Ese vacío es el espacio donde la mediación profesional —ya sea de un agente o, en géneros como la poesía y el teatro, del propio traductor— se vuelve indispensable.

La diferencia podría estar en el género. “Muchas veces ha sido el traductor el que ha jugado un papel clave de mediación, especialmente en géneros menos traducidos como poesía o teatro. Sin embargo, sin mediación profesional, es muy difícil concretar una edición en idiomas distintos del original para la narrativa contemporánea o la literatura infantil y juvenil”, agrega.
El rol del agente: qué ha cambiado y qué no
El trabajo del agente literario es una actividad con más de un siglo de historia en el circuito internacional. Negociar derechos, construir redes con editores y traductores, sostener relaciones en el tiempo son tareas que, en la práctica, apenas han cambiado.
Lo que sí ha cambiado es el contexto en el que ese trabajo ocurre: a la anteriormente mencionada sobreproducción editorial se suma la diversificación de soportes (audiolibros, ebooks), la inmediatez de la digitalización y el trabajo remoto que se normalizó tras la pandemia.
A esto se añade la gestión administrativa asistida por inteligencia artificial, que ha simplificado tareas operativas. Lo nuevo, probablemente, es la exigencia de diseñar materiales de venta y ejecutarlos activamente en ferias internacionales, un trabajo que antes no formaba parte del oficio.

El horizonte de Frankfurt 2027
Sobre la feria misma, por otra parte, las editoriales chilenas se enfrentan al dilema de llegar a Frankfurt tratando de seguir tendencias del mercado internacional o bien llevar las tendencias propias. Esta última alternativa exige, primero, distinguir con claridad la literatura patrimonial de la que se está escribiendo actualmente, desde una perspectiva inclusiva y “post-nacional”, según Jofré.
Ahí también radica una tarea pendiente: la calidad visual de las portadas, especialmente en literatura adulta. En tiempos en los que la cultura de la visualidad se ha vuelto predominante, las portadas y el diseño visual son una de las puertas de entrada a la edición internacional y elementos clave a la hora de salir a buscar mercados internacionales. Este desafío estético se ha acelerado en los últimos años con la irrupción de la IA generativa, herramienta que le ha quitado espacio a la inversión en ilustración o fotografía en las ediciones contemporáneas.
Una respuesta institucional
Frente a este escenario, Editoriales de Chile ha puesto en marcha en 2026 el Programa de Membresía de Internacionalización, un mecanismo de representación profesional en mercados no hispanohablantes, coordinado por la asociación y ejecutado por un agente de derechos de traducción.
El programa busca instalar de forma sostenida, y no como gestiones aisladas de cada editorial, la mediación profesional que hoy resulta indispensable para que un título chileno pueda ingresar a circuitos literarios en otros idiomas.
La invitación de Chile como país de honor en Frankfurt 2027 representa una vitrina al mundo, una oportunidad para ampliar la presencia internacional de la edición chilena. Sin embargo, para que ese impulso tenga efectos duraderos, será necesario fortalecer las redes de traducción, representación y circulación que permitan que los libros chilenos encuentren nuevos lectores más allá del castellano. El Programa de Membresía de Internacionalización impulsado por Editoriales de Chile apunta en esa dirección.





