Una guía para entender qué buscan las editoriales, cómo presentar una propuesta y qué sucede desde el primer contacto hasta la llegada del libro a sus lectores.
Aunque puede ser el resultado de un largo proceso de trabajo, terminar una obra o proyecto editorial, ya sea un manuscrito, un cómic, un libro ilustrado o una propuesta fotográfica, es apenas el comienzo del camino hacia su publicación. Para quienes buscan publicar por primera vez, el mundo editorial puede resultar difícil de descifrar: ¿a qué sello enviar el texto?, ¿qué incluir en el primer correo?, ¿cuánto tiempo esperar una respuesta?, ¿por dónde empezar?
Antes de comenzar a enviar propuestas, hay un paso fundamental: conocer las editoriales.
«Lo primero es estudiar los catálogos de las editoriales que le interesan, porque todas se especializan en ciertos géneros y públicos (ensayo, poesía, infantil, etc.), y pierde el tiempo mandando todo a todas», explica Andrea Palet, escritora, editora y fundadora de Editorial Laurel, además de académica del Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales.
También es importante comenzar el proceso entendiendo cómo funciona la selección editorial. Publicar un libro supone para una editorial una inversión y una apuesta cuyo resultado nunca está asegurado. Por eso, señala Palet, «el rechazo es lo más probable, y no tiene nada que ver con los contactos o con el currículo».
Encontrar la editorial adecuada
¿Cómo saber, entonces, dónde podría encontrar lugar un manuscrito o proyecto editorial? No existe un atajo demasiado sofisticado: «La única forma segura es leyendo sus libros», sostiene Palet.
Revisar un catálogo permite reconocer los géneros que publica un sello, sus autores y autoras y la línea que ha construido a través de sus títulos. Pero también hay una dimensión menos técnica: imaginar el propio libro dentro de ese conjunto. Según Palet, un autor debería preguntarse si le gustaría pertenecer a esa «familia» o si, por el contrario, «se sentiría en corral ajeno».
Esto cobra especial importancia en las editoriales independientes, cuyos catálogos suelen construirse a partir de líneas y decisiones editoriales reconocibles. Antes de enviar un manuscrito, entonces, vale la pena preguntarse no solamente quién podría publicarlo, sino dónde tendría sentido que apareciera.

¿Cómo contactar a una editorial?
Una manera fácil es consultar el sitio web de Editoriales de Chile, y revisar los catálogos de las editoriales asociadas y sus contactos. Una vez identificadas las editoriales afines, el siguiente paso es averiguar si están recibiendo manuscritos. Muchas establecen períodos específicos de recepción y comunican esa información a través de sus sitios web o canales oficiales. Si el dato no está disponible, conviene consultar por correo electrónico, una vía mucho más recomendable que los mensajes internos en redes sociales. También es posible enviar el proyecto por separado a distintas editoriales, además de participar paralelamente en premios y concursos.
Y después, tener paciencia.
«Casi todas reciben manuscritos, generalmente en ciertos meses del año, pero pueden pasar meses antes de recibir una respuesta, porque la lectura atenta no se puede escalar», explica Palet.
Qué enviar y qué evitar al presentar un manuscrito
Al momento de escribir a una editorial, la presentación no necesita ser extensa. El correo debe incluir el manuscrito completo, o casi terminado, una breve presentación del autor o autora, referencias a publicaciones anteriores con sus respectivos enlaces y datos de contacto, como correo electrónico y teléfono. Más que intentar convencer mediante un mensaje largo, lo importante es entregar la información necesaria para que la editorial pueda conocer a quien escribe y, sobre todo, evaluar su obra.
«Las presentaciones escritas con IA no las recomiendo porque son todas iguales y detectamos enseguida que no es verdad que tu libro “dialogue” con mi catálogo», señala Palet.
¿Qué busca una editorial?
«Busca publicar un libro de calidad sin arruinarse», resume Palet.
La frase condensa dos dimensiones que intervienen en una decisión editorial: la evaluación de la obra y la posibilidad concreta de convertirla en un libro que pueda incorporarse al catálogo y encontrar lectores.
La evaluación puede considerar aspectos como la escritura, la voz, el estilo, la estructura, la propuesta de la obra, su relación con otros títulos y tradiciones, su encaje en el catálogo y la existencia de un público potencial. Como en la decisión intervienen múltiples factores, recibir un rechazo no significa necesariamente que el manuscrito carezca de valor. Tampoco se trata de una instancia destinada a entregar orientaciones para mejorarlo si la editorial decide no publicarlo.
«Pedir comentarios detallados o informes de lectura, reuniones para contar la obra, nada de eso será bien recibido», advierte Palet.

Cuando una editorial se interesa
El interés de una editorial abre una nueva etapa, en la que las condiciones de publicación deben quedar establecidas formalmente. Palet recuerda «que hay obligaciones legales en Chile, que se pueden leer en la Ley 17.336. Un resumen es que debe firmarse un contrato, con limitaciones de lengua, territorio, formato y plazo, y por supuesto debe haber regalías o un pago anual por ventas que no puede ser inferior al 10% legal».
Una vez alcanzado el acuerdo, comienza el trabajo para convertir el manuscrito en un libro. Bajo la dirección profesional de un editor o editora, y dependiendo de las características de la obra, este proceso puede contemplar distintos niveles de intervención: edición de desarrollo, enfocada en cambios estructurales; edición literaria o de estilo; corrección de estilo; corrección ortotipográfica; y corrección de pruebas, que constituye el último control antes de imprimir.
En el modelo editorial tradicional, la editorial asume los costos de producción y publicación, mientras el autor o autora recibe las regalías acordadas en el contrato. Si una obra no encuentra cabida en un catálogo, su autor puede optar por contratar servicios de edición, diseño o impresión ofrecidos por algunas empresas o editoriales. Este pago no implica necesariamente que el libro se incorpore a un catálogo ni que exista un compromiso de distribución, circulación o promoción. En ambas modalidades, las condiciones del acuerdo deben quedar establecidas por escrito, precisando claramente los derechos y obligaciones de cada parte.
Del libro a los lectores
El proceso no termina cuando el libro sale de la imprenta. A partir de ese momento comienza otro desafío: hacerlo circular y conseguir que encuentre a sus lectores. La editorial también se encarga de gestionar su distribución y circulación, tanto en espacios comerciales como en bibliotecas y otros puntos de acceso al libro «Los libros llegan a los lectores en las bibliotecas, las librerías, de calle y online. También en las ferias de libros para el caso de editoriales más pequeñas», explica Palet.
A la circulación se suma el desafío de dar visibilidad a las novedades. Sin embargo, solo una pequeña parte de los libros publicados consigue cobertura en los medios tradicionales. Según Palet, «un porcentaje muy menor es cubierto por la prensa, para lo cual hay que enviar ejemplares a los editores de cultura y ocio de los medios, con una ficha impresa que explique todos los datos y resalte los puntos de interés».
En ese escenario, las plataformas digitales han adquirido un papel cada vez más relevante. «Las plataformas, especialmente Instagram, están centralizando la difusión y promoción editorial hoy», señala.
Entre terminar una obra y verla llegar a sus públicos intervienen muchas decisiones, tiempos y actores. Conocer ese recorrido no asegura la publicación, pero permite abordarlo con expectativas más realistas y mejores herramientas.





